viernes, 13 de diciembre de 2013

miércoles, 27 de noviembre de 2013

La historia dentro de la historia. El cementerio alemán de Torrero.





Tras los muros del silencio se ocultan historias que en su día fueron vida. Allí permanecen en duelo frente al olvido popular. Polvo que cubre lápidas y algo de desazón cuando uno se pasea por los pétreos recuerdos y se pregunta quién es esa persona que duerme eternamente. Hay en nuestra necrópolis de Torrero varios cementerios. Cada uno con su historia que se funde en la actualidad tras medio millón de metros cuadrados, que nos esperan a todos los que queramos dormir bajo tierra. Uno de esos otros cementerios dentro del de Torrero, despierta nuestra sana curiosidad por saber un pasado necesario. Ese rubor del alma, esa inquietud intelectual, debió de cosquillear a un autor aragonés que hace poco tiempo se puso a indagar en algo más que una herencia cultural, que forma parte de Zaragoza desde el siglo pasado. Esta persona es Sergio del Molino, y ese camposanto, última morada de una cultura que echó raíces en nuestra ciudad, es el cementerio alemán de Torrero.

Todas las urbes de tamaño considerable acaban con el tiempo deviniendo en crisoles culturales y de convivencia. Zaragoza lo es hoy en día de forma palpable y ha habido épocas de curiosos mestizajes interculturales en la ciudad del Ebro. Uno de ellos se nos explica y muestra de forma amena y clara en el libro “Soldados en el jardín de la paz” escrito por Sergio del Molino (Prames, 2009). El subtítulo del mismo lo dice todo: huellas de la presencia alemana en Zaragoza (1916-1956). La historia nos refiere a un grupo de inmigrantes alemanes que recayó en nuestra ciudad huyendo de la Primera Guerra Mundial, y poco a poco se integraron con las gentes zaragozanas en una reciprocidad enriquecedora para todos. Como decimos, el cementerio alemán de Torrero, constituye a la vez, testimonio y origen de una historia que aún se deja entrever en la cultura aragonesa.

Ha habido alemanes en Zaragoza desde hace tiempo. De hecho, nuestra ciudad posee consulados de varios países. Pero el acontecimiento que supuso una curiosa novedad, fue la llegada de 347 alemanes provenientes de Camerún. Eran refugiados, exiliados, desplazados, como se les quiera llamar. Lo cierto es que estamos ante el fruto de una guerra, que como todas, fue devastadora, cruel e inhumana. La Primera Guerra Mundial se libró no sólo en Europa sino en todos aquellos lugares donde las potencias beligerantes tenían presencia. Y África se convirtió de esta manera en un segundo campo de batalla. En dicho continente muchos países europeos tenían asentamientos, eufemismo de conquistas, prolongación imperial de una patria. Y Alemania, asentada en Camerún, tuvo que defender ese territorio del ataque y avance inglés y francés, dos de los históricos países exploradores y explotadores del continente africano.

La presencia alemana en ese país responde a intereses lógicos de una expansión. Desde el siglo XIX, Europa comenzó a descubrir a su vecina del sur más allá de los límites Mediterráneos. Se necesitaba explorar por el avance de la Humanidad, y se necesitaba explotar por el bien de la sociedad. El comercio lo mueve todo y las tribus de Camerún comenzaron a establecer lazos mercantiles con ingleses y alemanes en base al marfil y el aceite de palma. Finalmente, un poco por poner contractualmente las relaciones, Alemania se aseguró todo el negocio con Camerún. Oficialmente fue en 1883 cuando los reyes Bell y Akwa, de las tribus de Camerún, llagaron a un acuerdo por el que Alemania protegía esas tierras y esas gentes. A la postre, el monopolio del país quedó pactado. En 1885 África constituía un pastel repartido entre las potencias europeas que más adelante se iban a enfrentar. Y Alemania tenía ya su porción. 

La Gran Guerra de 1914 cambió a Europa y su vecina del sur. Camerún vivía bajo dominio alemán en una cordial colonización. Pero ingleses y franceses acabaron invadiendo la zona y expulsando a los germanos. Fue allá un 4 de febrero de 1916 cuando, nada menos que 823 alemanes y unos 60000 nativos cameruneses, piden a España asilo político. Venían huyendo, combatiendo, resistiendo, el avance que lideró el general inglés Charles M. Dobell. Ese día, el 4 de febrero, los germanos huidizos del hacha bélica, se presentan en Río Campo, territorio español dentro de lo que hoy es Guinea Ecuatorial. 

Los países neutrales tenían la obligación internacional de admitir a refugiados si éstos se les presentaban. El carácter humanitario de la neutralidad consistía en acogerles mientras durase el ambiente bélico y, pasada la tormenta, pudiesen volver a sus casas. Por este motivo España acogió en varias ciudades a estos alemanes cameruneses. Fueron a varias localidades, Alcalá de Henares, Pamplona… y 347 de ellos, recalaron en Zaragoza el 5 de mayo de 1916. Ahí empieza una nueva historia, tanto o más que una nueva vida.

Paseando por el cementerio alemán de Torrero, uno se imagina las peripecias y los horrores de luchar, de esquivar la muerte, perder tu casa y tener que adaptarte a una nueva cultura. Sin embargo, esa presencia cultural se intuye en la vida de Zaragoza. Sergio del Molino plasma en el papel ese poso que dejaron y que permanece en nuestra ciudad. Su libro, comprende una investigación necesaria para que no olvidemos. De esta manera, nos damos cuenta de lo que esas víctimas de la Guerra, aportaron a nuestras gentes de Zaragoza. Un intercambio vital recíproco y enriquecedor, una de las grandezas del mestizaje de mentes, costumbres, de formas de ver la vida. Prueba de que es más sano convivir que expulsar, respetar que imponer, abrir los ojos que cerrarlos. 

Los alemanes, desde el principio de su asentamiento en Zaragoza, no dejaron nunca de perder sus raíces. Lo explica muy bien Sergio del Molino a través de la concepción que esa cultura tiene de la identidad como pueblo, dentro y fuera de Alemania. Y de hecho, cuando finalizó la Guerra, los alemanes que se quedaron en la ciudad del Ebro, completamente integrados en nuestra tierra, brillaron con luz propia tanto en aspectos novedosos e influyentes, como en nefastas compañías políticas, integradas en los aires que se respiraban en una Alemania nacionalsocialista.

A grandes rasgos la cultura alemana residente en Zaragoza aportó no pocas novedades que nos enriquecieron. Su sistema educativo, agrupado en el Colegio Alemán de nuestra ciudad, supuso un cambio para la época. Un adelantado sistema de enseñanza que convirtió dicho colegio en referente educativo en la urbe. Además, desde sus inicios, el colegio se constituyó como eje social de los propios alemanes; un punto de encuentro y de unión para todos ellos. 

La visión empresarial de esto nuevos ciudadanos aportó una modernización más que necesaria. Ejemplos son la cadena de limpieza de ropa en seco “El tinte de los alemanes”, de la mano de Paul Recknagel allá por 1918, o las aportaciones técnicas a la industria azucarera zaragozana. Por no hablar de nombres tan populares como el fotógrafo y cónsul Gustav Freudenthal, retratista de facto de nuestra gente. E incluso apreciaciones tan curiosas como el fútbol. Pues a estos alemanes hay que agradecer que se pusiese de moda este deporte, hasta tal punto que se formara el que hoy es el principal equipo de balompié de la ciudad, el Real Zaragoza. Son frutos del enriquecimiento de la interculturalidad. Ahora quizás algo olvidados pero latentes en nuestras vidas. Por eso cuando uno pasea por el cementerio, vuelve la mirada cual museo se tratase para descubrir retazos de nuestra historia. 

De esa historia da fe el cementerio alemán de Torrero a través de personas y etapas de la vida. Una de las más dramáticas fue la que supuso el ascenso de Hitler al poder y la posterior Segunda Guerra Mundial. Reconocemos como cicatriz en el transcurso de nuestra historia universal, la capacidad destructiva del Ser Humano. El siglo XX ha dado muestras de la exacerbación destrizante que llevamos dentro. La Alemania de entreguerras cambió su política a fuerza de un solipsismo personalizado en un líder autárquico. Esa política afectó a todos los alemanes, dentro y fuera de las fronteras germánicas. Como el autor que nos trae explica, estar lejos de tu tierra, no siempre implica poder abstraerse de las directrices políticas que imperan. Ese sentido de pertenencia a un pueblo, al que antes aludía, sirvió de brazo especulativo a la moral y la vida de la Alemania hitleriana. Es decir, la ideología nacionalsocialista se impuso por las buenas o por las malas a todos los germanos, dentro y fuera de Alemania. Desde la llegada de Hitler al poder, la cultura germana giró en mayor o menor medida en torno a nuevos resortes ideológicos. Y en Zaragoza se hizo notar. El cónsul alemán de la capital aragonesa, Gustav Seegers, se convirtió en cabeza visible de la nueva Alemania en Zaragoza. Y junto a otra persona, Albert Schmitz, el espíritu nazi se hizo valer en la colonia de nuestra ciudad.  Este último fue director del Colegio Alemán y canalizador de los designios nazis. Por un lado comenzó la ritual loa que se establece a una ideología cuando ésta se asienta. Desde conmemoraciones grupales hacia signos del régimen, pasando por celebraciones de fechas especiales. Sitios como el Teatro Principal de la ciudad, llegaron a ser lugar de actos patrios de la Alemania nacionalsocialista. 

Y después, la guerra, otra Gran Guerra. Alimento del tánatos bajo ese sentido de autodestrucción, la Segunda Guerra Mundial se nutrió de tantas vidas humanas, que Alemania vio necesario enviar más y más víctimas al combate. Exprimida al máximo la moral de lucha por el imperio, Hitler no dudó en poner uniforme y armas a jóvenes imberbes y adultos de edad no militar. Algunos jóvenes alemanes de Zaragoza fueron reclutados expresamente para eso, para no volver. 

Cuando el averno bélico terminó, de todos es sabido que muchas cabezas pensantes y de poder, huyeron hacia países afines a Alemania. Todo aquel germano que viese abalanzarse sobre él una represión aliada, intentó huir. Y en ese aspecto, la España franquista, fue cobijo y puente de salvaciones. Zaragoza acogió en diferentes empresas a unos cuantos alemanes. Sergio del Molino pone el acento en algunos nombres como la conocida empresa Tudor y algún que otro pueblo, que mediante una red de apoyo, cobijaron a compatriotas alemanes para comenzar una vida nueva. Y en un piso de la zaragozana calle Costa, el hogar de Gustav Seegers, se bullía y preparaba cualquier apoyo al Reich alemán. Tanto en su época de esplendor, como en su fenecimiento. Ahora, ese nombre y ese hombre, Gustav Seegers, descansa en el cementerio alemán de Torrero.

Las guerras marcan a sangre y fuego, los camposantos dan fe. Y huesos descansan agostados de la violencia por nuestro instinto irracional. En el cementerio alemán podemos ver el transcurso de esas luchas; una de ellas la nuestra, la Guerra Civil española. Alemania tuvo mucho que ver en ella. La relación entre Francisco Franco y Adolf Hitler constituye siempre motivo de introspección histórica y debate. Al margen de apreciaciones, son hechos fehacientes los apoyos que se materializaron entre los bandos. En nuestro caso, Torrero posee lo que son ya huellas del apoyo militar al bando franquista en plena guerra civil. El caso que nos atañe es el de la famosa Legión Cóndor. La fuerza aérea alemana que vino a España para ayudar a Franco. No es un tema baladí éste. Cuando comenzó la guerra en 1936, tras el fallido golpe de estado de los sublevados, la mayoría del ejército del aire español estuvo en manos republicanas. De esta manera, las buenas relaciones entre Alemania y Franco, propiciaron apoyo a la causa sublevada contra la república española. La colaboración aérea de Hitler fue la Legión Cóndor. Y como se vio después, se convirtió en una aportación decisiva. Bien por accidente, derribo o quien sabe qué designio de los aires bélicos, lo cierto es que varios pilotos de esa fuerza de élite, acabaron perdiendo la vida en tierra aragonesa y enterrados en el cementerio alemán de Torrero. Cuando menos durante un tiempo, pues sus restos fueron trasladados en los años ochenta, a Cáceres. Concretamente al cementerio alemán de Cuacos de Yuste, en un reagrupamiento de los soldados alemanes que combatieron en la guerra civil española. Ahora quedan las huellas de la muerte labradas en cruces, a la sombra de unos muros.

Estos fallecidos alemanes del bando franquista, propiciaron la creación de lo que hoy es el cementerio alemán de Torrero. Desde que llegaron a Zaragoza en 1916, los alemanes se enterraban en una zona reservada para ellos. Pero fue en 1937 cuando se acota lo que hoy es oficialmente el cementerio alemán de Torrero. Originariamente iba a ser un cementerio exclusivo para los aviadores alemanes de la Legión Cóndor, pero se convirtió en el camposanto común de toda la colonia germana. De hecho ahí se trasladaron los restos de los compatriotas fallecidos antes de la nueva ubicación. Gracias a las solicitudes del cónsul Geevers y Albert Schmitz, el Ayuntamiento les cedió gratuitamente este espacio. Hoy en día depende directamente de la Asociación para la Administración y Conservación del Cementerio Alemán, que es la que se encarga de su mantenimiento. El acceso al mismo, de hecho, se realiza por un lateral distinto al de la entrada de la zona antigua. 

Cada nombre, encierra una vida. No es la primera vez que reseñamos a alguien inhumado en el cementerio alemán. Y seguramente, como opina Sergio del Molino en su libro “Soldados en el jardín de la paz”, quedan todavía muchos campos por estudiar dentro de la historia de los alemanes que recalaron en nuestra ciudad. Su libro arroja luz y despeja curiosidades. Una de ellas por cierto, la palabra alemana que designa lo que nosotros conocemos como cementerio. En alemán “friedhof”; literalmente significa patio de la paz. Un bello epígrafe para la última morada de un ser vivo. Sirva como invitación ese pequeño espacio funerario, para descubrir detalles y claves de un grupo de gente que el Destino trajo a Zaragoza. Forman ya parte de nuestra historia. Forman en definitiva, parte de cada uno. Miembros todos de una comunidad humana, que a pesar de la ausencia física inexorable, no pierde la esencia que nos define: comunicación para el entendimiento y el enriquecimiento de la persona. Desde ahí, desde un cementerio, todos seguimos viviendo en la memoria, en el legado personal y en el recuerdo. Un punto de encuentro entre muertos y vivos. Simplemente, la continuidad de la vida.






El autor de este blog desea agradecer su colaboración y disposición a Sergio del Molino, autor del libro “Soldados en el jardín de la paz”, y a Chusé Aragüés, de la editorial Prames. 




lunes, 11 de noviembre de 2013

Encuentro.





En medio de Europa reflejaremos nuestros rostros en el Danubio. Nuestra faz se hará Arte en Budapest. La cita, la feria  artística que dentro de unos días mostrará una selección inolvidable de obras, con todas las disciplinas creativas presentes. Allí estarán algunas de mis hijas artísticas. 
Bienvenidos.



jueves, 24 de octubre de 2013

FOTOGRAFÍA. TODA LA HISTORIA.






Con cierta periodicidad aparecen en los anaqueles de las librerías publicaciones que cuentan la historia de la fotografía. La empresa no es baladí, pues se conjugan elementos técnicos, químicos, artísticos, comerciales y políticos. Es la historia de nuestras vidas, pues fue la aparición de este arte lo que cambió la percepción artística de la realidad de forma grandilocuente. Salvo excepciones, hasta la aparición de la primera imagen “congelada”, las Artes respondían a movimientos, académicos o no, pero comúnmente gregarios. Los artistas geniales tenían que claudicar también a los mandatos del encargo si querían comer, y sólo ellos, los genios, dejaban una impronta única incluso cuando se supeditaban a la remuneración o el compromiso. Desde esta óptica se podría decir que la fotografía lo cambió todo. Sería desmesurado darle el protagonismo unívoco, pero hablar de este arte, es hablar de la historia de la Humanidad incluso antes de su aparición. 

La vida de la fotografía en sí misma es breve. Podríamos hablar de sus antecesores (el dibujo) y sus vástagos (el cine) y descubriríamos la permanencia de la imagen como símbolo por encima de la tecnología. A ello hay que añadir que sobre ese lenguaje de la imagen fija se ha escrito mucho y la verdad es que hay grandes estudios publicados. Es más, su historia se reescribe actualmente con las nuevas tecnologías y los usos artísticos. Es un arte éste, en constante transformación. Su juventud hace que se pueda acotar académicamente la vida tecnológica. Pero en tan breve tiempo de existencia, la intensidad vital ha sido exuberante. Sobre todo la metamorfosis sucedida desde el entendimiento de la fotografía como mero proceso de testificación de lo que se ve, hasta su rango de Arte, forma de expresión, lenguaje propio y baremo subjetivo de entender la realidad circundante. Por tanto, recomendar un libro de esta índole es arduo. Sin embargo está exento de riesgos, ya que una síntesis tiende a poseer carencias que se complementan con otras fuentes al alcance del lector en todo tipo de soportes y bibliotecas (el estudio máximo sería una enciclopedia). De ahí a que el libro sedente en nuestras manos, fructifique en una relación de amistad, hay un paso sabiendo lo que buscamos en unas páginas de este tipo. 

Cuando ojeé esta publicación en un primer acercamiento, me sorprendió su estructura. No era un compendio anodino, se trata de separar el grano de la paja. Mostrar lo esencial con algún aderezo anecdótico y ejemplos bien seleccionados a la par que explicados. O dicho de otra manera, es un manual bastante completo para conocer y comprender la fotografía. Para su consecución han participado en este trabajo bastantes colaboradores que escriben sobre escuelas, movimientos, autores y obras. 

En ese sentido, la única pega que se le puede apostillar a este trabajo, es la ausencia de redactores españoles y sobre todo, el olvido de los fotógrafos de nuestro país que suponen algo en la Historia de este Arte. A nivel artístico es notoria la ausencia de Chema Madoz, Tony Catany, Ouka Lele por citar unos pocos casos de artistas cimeros a nivel internacional. Intuyo que se podría decir lo mismo de otros fotógrafos universales desde una óptica local. Ciertamente, al seleccionar siempre se quedan fuera personas. Por tanto, el compendio se suele ceñir a los clásicos conocidos. Este es el recorrido propuesto en “Fotografía. Toda la historia.” editado por Blume. 

Sin embargo, a nivel didáctico es un libro muy bien preparado. La distribución de las materias es cronológica. De hecho, una línea del tiempo nos acompaña sotto voce. Las pinceladas informativas son claras y precisas. Ahí destaco además lo actualizado que está con respecto a nuestra contemporaneidad. Recoge datos recientes y polémicas fotográficas reales, que si bien en algún caso no las esclarece del todo, las muestra como contrapunto informativo. 

En las fotografías seleccionadas usa lo que llama un “navegador” para resaltar la importancia de algunos detalles de las obras y explicar el descuelle de los elementos destacados. Se trata de una especie de indicador de gran ayuda, a modo de lupa. Esos detalles comentados vienen muy bien, pues a fin de cuentas es información pertinente, y en libros de poco texto como es este caso, la síntesis es todo un arte académico y docente. 

El formato de la publicación ayuda a disponer de ella en cualquier sitio y lo desmarca de los volúmenes dedicados al mero adorno. No es el libro perfecto, pero resulta acogedor como primer acercamiento y dar el paso para ver la riqueza fotográfica de cada cultura y país. Ahí sí entraríamos con más profundidad en determinadas monografías que corroboran la grandeza de esta disciplina subjetiva de entender la vida como Arte y lenguaje; esto es la fotografía. Si a ello sumamos una buena calidad de impresión y precio, las dudas pueden ir disipándose poco a poco comparándolo con otros libros de este tipo. A fin de cuentas las páginas de estos recorridos artísticos suponen una guía, y sin pretensiones, a pesar de los defectos, las publicaciones de esta clase son más que necesarias. Conforman los umbrales hacia una saciedad pasional que pocas publicaciones son capaces de nutrir. Porque en los estados carenciales del alma, cualquier alimento es poco. 




“FOTOGRAFÍA. TODA LA HISTORIA.”
Prólogo de David Campany
Varios autores.
Editorial BLUME
2013.

sábado, 12 de octubre de 2013

Nos vemos en Estampa.





Hasta el día 13 de octubre se celebra la Feria de Arte Múltiple Estampa (Matadero de Madrid). Allí estaremos mi obra y yo en la galería Eka & Moor Art Gallery (stand E10, pabellón 16).
Sed bienvenidos.





domingo, 1 de septiembre de 2013

miércoles, 21 de agosto de 2013

Monasterio de Piedra.







Saber que están ahí,
mirando nuestros pasos,
desorbitados encuentros
de sabores y recuerdos.
Aromas del Parnaso.

El astro rey fecunda el agua,
lloran rocas y grietas rodadas,
calando el aire en tiempos de paz,
con el humor evadido y el alma sosegada.

Han huido las sombras
y queda el mañana, 
aquí, escrito en elementos,
por una flébil mano humana.

Al paso del tiempo,
queda surco de nombre,
gritan los recuerdos,
quien vive, muere.


lunes, 22 de julio de 2013

Lontananza.




Cada apertura de mis párpados, en un día cualquiera, la vista vive contra sí misma. Diseñados mis ojos para cazar, las pupilas se coartan ante la presencia de ordenadores y anuncios publicitarios asfálticos. Pero cuando diviso un horizonte inescrutable, la mirada se subyuga en un trance infinitesimal. El tiempo pasa en busca del numen y la mente se amplía. 

Veo allí fantasmas entre piedras y ninfas de espacios lacustres acotados por el hombre. Ahí quieto, en lo alto, petrificado durante unos instantes… diría que soy parte de la Historia.

sábado, 13 de julio de 2013

Ninuk.


Un buen equipo lo es todo. La armonía de sus miembros forma parte del resultado final. Yo siempre he sostenido que mi obra fotográfica de estudio es una labor de equipo. La idea parte de una mente, pero esta se dota de la concomitancia de todas aquellas personas que hacen posible la obra artística. Una de esas artistas a las que les debo mucho en la realización de mis sueños fotográficos, es la maquilladora y diseñadora Inés Rodríguez. Su capacidad de adaptación creativa es camaleónica. Y a su labor para transformar la piel de las modelos hay que descubrir la artesanía que destila cuando sus manos crean figuras, complementos y otras muchas creaciones que firma como “Ninuk”. 

Conozco su faceta de diseñadora desde hace tiempo y ahora tenemos la ocasión de apreciar su obra de forma expositiva. El Armadillo Ilustrado (C/ Las Armas 74) acoge hasta el 3 de agosto los mundos de Inés. Porque ella es un mundo, creedme, y merece la pena pertenecer a él. 



martes, 18 de junio de 2013

El Luto del Rey Cuervo.




Hay Arte que no se clasifica en los anaqueles del mercado comercial. Hay grupos musicales que no aparecen en las listas de éxitos y ni tan siquiera graban recuerdos en los furtivos espacios de la memoria popular. Son ese tipo de artistas llamados de culto. Para conocerles hay que indagar en la cultura y desear que el Destino nos elija para poder escucharlos e incluso verlos en directo. Entonces nos encumbramos a ese estadio del alma en el que recibimos alimento espiritual a través de voces y músicas. 

Uno de esos conjuntos nació hace quince años en Zaragoza. Ahora lo celebran con un DVD del concierto que el 15 de mayo celebraron en el Teatro de las Esquinas de la Ciudad del Ebro. Y es que sus citas en directo son únicas. Hay quien dice escasas, pero a menudo se puede ver a algunos de sus componentes improvisar en ese crisol nocharniego que es “El Puerto de las ánimas” (trasunto del extinto “Teatro de las Ánimas”). Tras el ocaso de la luz del sol, almas oscuras se reúnen en este bar de la noche zaragozana para intercambiar esencias de la vida. La música somos todos.

Suenan acordes interpelados por la voz de María; a veces seductora, a veces melusina cual mirada petrificante. Nada indiferente a nuestra digestión subjetiva, quedamos sumidos en un trance existencial al salir de un concierto de El Luto del Rey Cuervo. Y esa música oscura deja un poso de resabio húmedo por las sensaciones acumuladas en la escucha. Un pequeño toque de clarividencia introspectiva en nuestras vidas. Que así sea.





miércoles, 12 de junio de 2013

"Claroscuro" en Madrid.


Tengo el placer de anunciar el lazo de concomitancia artística que he establecido con la galería de arte “EKA & MOOR ART GALLERY”. Dirigida por Pilar Sagarra y Vicente Hererro, iniciaron su andadura hace dos años. Situada entre autores románticos, el destino ha deseado que mi obra “Claroscuro” se presente el 3 de septiembre de este año. Será una selección de mi última colección que continúa su agraciado periplo existencial que ya comprende un premio artístico y una calurosa acogida en el mundo editorial especializado.

Desde aquí quiero agradecer a los directores de esta galería la ocasión que me brindan de realizar esta exposición individual tan bien enmarcada en el ámbito artístico español. La muestra permanecerá hasta el 28 de septiembre, de lunes a sábado en horario de 18:00 a 22:00 horas (calle Bretón de los Herreros, 56).

Queda aquí mi gratitud a todas aquellas personas que me alimentan con su apoyo y deleite ante mi obra y vida. Hacemos de nuestro desarrollo vital un arte y una invitación a seguir creando día a día.

Sed todos bienvenidos.






lunes, 27 de mayo de 2013

Echada de cartas en el Centro de Historias de Zaragoza.






Círculo Fotográfico de Aragón inaugurará el 25 de junio a las 19:00 horas una exposición muy peculiar. Sin pretender predecir el futuro, sin cavilar ejercicios de introspección, echaremos las cartas al destino para leer NUESTRO TAROT. Serán 22 arcanos interpretados por nosotros. Cada autor, a su manera, ha elegido una carta y la ha representado a través del lenguaje fotográfico. 

Allí, en el Espacio Tránsito del Centro de Historias de Zaragoza (C/Plaza San Agustín, 2) se expondrá nuestra tirada. La lectura la dejamos a vuestro entender y disfrute…

Os invitamos a una visión muy personal y extraordinaria de esta baraja para la adivinación, que permanecerá expuesta hasta el 25 de agosto.
Bienvenidos al oráculo de Círculo Fotografíco de Aragón.






martes, 21 de mayo de 2013

II Gala de los premios Simón del Cine Aragonés.




El pasado 14 de mayo tuvo lugar el segundo encuentro de la familia del cine aragonés. Es la segunda edición de estos galardones que siguen batiéndose en duelo año tras año contra las adversidades monetarias. El hecho de que el sector audiovisual sea uno de los que más campos de trabajo aúna, resulta extraordinariamente prometedor que haya fructificado esta iniciativa. Poco a poco la consolidación sigue adelante. 

Este año volví a dar forma fotográfica a la gran cita del cine aragonés. Mientras llega el reportaje completo propongo dos botones de muestra, el homenajeado Carlos Saura y tres modelos a medio camino entre el romanticismo oscuro y la pasión desenfrenada. Todo esto y más se puede encontrar en el Séptimo Arte, como la imaginación misma, como la vida misma.








martes, 7 de mayo de 2013

La morada en el cementerio.



video


Un teatro de la vida representado en el cementerio de Torrero de Zaragoza. Actores y público en artística concomitancia. No hay una catarsis especial, pero una voz interna nos susurra sotto voce en nuestras conciencias, la posible existencia de un Demiurgo justiciero, de una tribunal allende nuestras conciencias. Son las impresiones que me vinieron cuando abandoné el camposanto municipal de mi ciudad la noche del dos de mayo. Pero esas percepciones forman parte de un Todo que incluye el escenario, tapias llenas de inhumados y una oscuridad envolvente, como la Muerte misma.

Me atrevería a decir que vamos camino de consolidar nuestra Ciudad de los Muertos en un emplazamiento redivido culturalmente. Nueva sabia que a la larga hará cambiar la óptica desde la que la ciudadanía suele mirar estos lugares. La percepción común española sobre este entorno es cultural, aderezada por un poso religioso proclive a la superstición y el respeto trémulo. Pero de un tiempo a esta parte volvemos a percibir los cementerios como un lugar más allá del encuentro necrológico. A la célebre representación del Tenorio de José Zorrilla, se unen diversas iniciativas de puesta en escena. La última de ellas una obra de la compañía Microteatro Zaragoza. Hablamos del libreto escrito por Santiago Meléndez titulado “Argh, la morada.” La obra fue representada recientemente en la sala El extintor de esta ciudad, pero la ocasión fue única y el entorno de una urbe del inframundo, resultó otro acierto enriquecedor en la representación. 

La cita era propensa a las emociones. De pie o sentado, el público se introdujo en las desdichadas vidas y truculentas condenas de cinco personajes. Todos ellos tienen las manos manchadas de sangre con las conciencias tranquilas. Nadie (salvo una mujer engañada y por ello atormentada) se arrepintió de sus actos.  Hubo quién se regocijó en el mal ajeno con la vindicación provocada. Como aquel hombre, portador del VIH, que disfrutaba propagando su mal a través del hedonismo sexual. O quien abocado a ver la sombra de la guadaña actuar inmisericorde, aprovechaba el ominoso hado para alimentarse de la carne de sus deudos ya fallecidos. Hay más casos en esta obra, pero todos lo hicieron empujados desde su más profundo interior y sabiendo las consecuencias. Estas últimas representadas por esa ineluctable Muerte, a la imagen y semejanza de la Parca griega Átropo. La tercera hilandera de la existencia de los mortales, cuyo cometido no es otro que cortar el hilo de la vida; el fin siempre es morir. 

Si a estas historias, sumamos una noche proclive al paroxismo nutrido por las magníficas interpretaciones de los actores y actrices, el resultado deja un sabor de boca complaciente. Sobre todo cuando traspasamos de nuevo el umbral de la zona antigua del cementerio, cuyo tablado de la obra es la llamada “Primera ampliación”. En las calles de sus manzanas de nichos, presenciamos los momentos de la obra. Y al final nos queda saber que seguimos vivos, pero de paso en este Valle de lágrimas

Desde aquí felicito a los responsables que están dando vida al cementerio. Una familia aglutinada frente a la filiación humanista de la cultura funeraria. Conciertos musicales, visitas guiadas, historia, arte... Ahora además, con representaciones variadas de teatro en el acierto de una pieza que encaja dentro del entorno con un respeto exquisito. Microteatro Zaragoza, una de esas piezas bienvenidas y que espero sigan alimentándonos en estas fronteras del más allá. Ahora, más terrenal que nunca. Y en breve, con la celebración paralela de la “Noche en negro”, parafraseando a la “Noche en blanco” que se lleva haciendo tiempo atrás en diferentes ciudades de nuestro país. La cita será en junio. No obstante, las puertas del cementerio de Torrero siempre se nos abrirán antes de tiempo, pero sin miedo, para descubrirnos... a nosotros mismos.





miércoles, 17 de abril de 2013

Fuera de la ley.




André Soudy nos depara un caluroso recibimiento, simplemente nos apunta con su rifle. No le tiembla la mano, es más, no parpadea mientras su pupila se alinea con nuestra cabeza. Viste correctamente, nadie diría que es amigo de las armas de fuego. Pero lo cierto es que un 21 de abril de 1913 fue guillotinado por la justicia francesa. Pertenecía a una banda de atracadores liderada por un tal Bonnot. Eran especialistas en asaltar usando vehículos a motor, de hecho, fueron los primeros en Francia en realizar un robo motorizado. El líder de la banda, Jules Bonnot, acabó disparándose a la cabeza cuando se vio acorralado por la policía. “Soy un incomprendido de la sociedad. […] ¿Debo arrepentirme de lo que hago? Puede que sí. Pero continuaré.”, dejó escrito. Estas aseveraciones son un leit motiv que ha alimentado la existencia de no pocas almas de vidas extraordinarias. Pero este adjetivo que uso no es gratuito. Lo ordinario sería nacer, crecer e integrarse en el sistema social en el que se establece nuestra cuna o nuestra cultura. Pero cuando esto no ocurre desde el principio, cuando una persona no conoce en vida a sus progenitores, se curte en la calle en lugar de la escuela, conoce la violencia antes que la ternura, graban su piel antes de que aprenda a leer y escribir, entonces es posible que lo extraordinario tome un cariz oscuro, rebelde e incluso subversivo. No siempre es así, pero el calor de un hogar, ha sido y es para muchas personas, un sueño equiparable a la rosa engalanada de espinas que todos queremos alcanzar. 



Muchos criminales, y no digamos cruentos artífices de las más abyectas perversiones, tienen en sus primeros años de vida el germen que les condicionará para ser la persona adulta que les depara el destino. Ríos de tinta se pueden debatir a nivel sociológico y psicológico. Pero hay un tipo de personas heteróclitas que podrían danzar en la línea divisoria y serpenteante de la rebeldía social. Ellos, los que llenan portadas de revistas y diarios. Los que inspiran películas y novelas, son los que nos atañen en esta ocasión. Víctimas de su nacimiento y de su niñez malhadada, acaban convirtiéndose en proscritos, criminales o representantes de ese sueño truncado que es la dignidad de ser persona. Por eso, en el fondo de nuestra conciencia aparecen posos de unas arenas movedizas que, alimentadas por nuestra imaginación, nos invitan a ser deglutidos por ellas, lavando nuestra cultura vernácula para dejarse llevar por la pólvora. 



Hay en esa perversión de los convencionalismos sociales, un cartel con una cara representada y un precio de recompensa por su captura. Abajo, siempre en letra pequeña, subyace en el fuero interno de la mentalidad alzaprimada que lee, la eterna duda de la lucha rebelde razonable. Es por ese alimento del aspecto nocturno del alma, por el que a veces nos sentimos fascinados (cuando no atraídos) por estos personajes históricos que se enfrentaron a la ley porque se opusieron a la sociedad que les vio nacer, o simplemente se negaron a sus vidas desgraciadas. No es mi intención entrar en ese debate moral al que sí responde Laurent Maréchaux, autor del libro “Fuera de la ley” (Blume, 2009). Este francés aventurero letraherido, nos depara en esta publicación un elenco de nombres que dieron su vida por ideales o… simplemente por dinero. Por ello, la línea divisoria es difícil de atisbar en algunos casos. En otros, el romanticismo nos empuja a soñar con el sol del Caribe sobre nuestra piel, o a leer con delectación y ansiedad los detalles de los atracos del siglo que se han perpetrado.



Maréchaux, en el fondo demuestra que es un soñador idealista. De hecho termina su libro lamentando que ya no existan rebeldes románticos. Todo lo contrario, para el autor las causas justas han sido sepultadas por el lucro, por ese poderoso señor don dinero. Ahora bien, hasta llegar a este punto de alma monetaria en el que nos encontramos, podemos sacar de la Historia de la Humanidad unos cuantos casos que bordean los lindes de esa conciencia, que juzga con tristeza la condena a un proscrito aunque tenga razón. No nos engañemos, el poder del dinero siempre ha estado ahí. La diferencia es lo que empuja a las personas a convertirse en leyendas. Y digo bien, los nombres que aparecen en este libro son parte de la imaginería popular. Para presentarlos, la clasificación que hace el autor es muy curiosa. En una primera sección nos encontramos a proscritos montaraces que han usado, no las urbes y ciudades, sino los bosques y campos para convertirlos en su hábitat natural. El elenco de clásicos comienza con la imagen (a fecha de hoy no confirmada) de Robin de los Bosques. Es el arquetipo por antonomasia de aquellos que roban al sistema para dárselo a los que no están dentro del mismo. Se trata del punzante aguijoneo de la conciencia que limpia los pecados bañados en sangre. Hay una larga lista si miramos la enorme cantidad de atracos, por citar un caldo de cultivo, que sufren los bancos desde que el capitalismo se asentó en el planeta. 

Quien dice bancos, dice dinero, poderosos. Y contra ellos, contra el poder dominante, se creó una mentalidad de acoso que comenzó a oler a mar azucarada de ron. Uno de los casos históricos que más ha alimentado nuestra imaginación, es la lucha de la piratería contra el imperio español de Felipe II. En esa época dorada de piratas, corsarios y bucaneros contra España, nacen y mueren multitud de nombres cuya advocación produce escalofríos. El mar Caribe se convirtió, desde mediados del siglo XVI hasta la mitad del XVII, en el campo de batallas más formidable que haya visto el ansia pecuniaria humana. A esos piratas les dedica otra sección plagada de ilustres hombres de mar. Drake, corsario inglés de Isabel I que acabó siendo uno de los honorables hombres del mar por sus hazañas y sus singladuras circunnavegando el orbe. El Olonés, que pasará a la historia por su sadismo sanguinario. O las mujeres piratas, cuyo ejemplo más conocido es el de las compañeras de Jack Calicó Rackham, Anne Bonny y Mary Read. Pequeños ejemplos que incluso nos llevan a los mares de China con la legendaria Ching Shih. Un detalle que nos recuerda que la piratería está donde el agua fluye libre bajo un sol sin cadenas, pero armado hasta los dientes. No obstante echo de menos en mi calenturienta promiscuidad marítima a Henry Morgan. Insigne nombre que lideró en su día el mayor ejército de piratas y mercenarios para el fatigoso asalto a la ciudad de Panamá. Y una vez más, constatar que los piratas y corsarios españoles, quizás los menos conocidos pero cada vez más estudiados, brillan por su ausencia en este trabajo. No sería extraño hablar de ellos en este ensayo cuando hay, en otro ámbito vital e histórico, un caso español recogido en las páginas de otro apartado. 

Otra sección del libro comprende el Salvaje Oeste. La leyenda a veces adorna, pero sí es cierto que la llegada de colonos e inmigrantes a esa zona tuvo en determinadas fases, desde un gatuperio de feroces intereses, hasta una política de expropiaciones de tierras a los indios autóctonos que dejó mucho que desear. Sin duda alguna estos fueron los que salieron perdiendo. Una vez asentados los poblados de “hombres blancos”, la ley tardaba en establecerse (imprescindible en la expansión norteamericana fue el tren). Antes de la efectividad de los sheriffs, en el libro se nos cuentan las andanzas de Wyatt Earp, tenían más poder los empresarios mineros y los ganaderos. Era frecuente que estos contrataran hombres a modo de bandas propias para imponer su ley. Famosos fueron los enfrentamientos en Lincoln County, en donde participó un tal William Henry Bonney, Billy el niño para la posteridad. Con él comparten protagonismo en los sueños del autor otros ínclitos forajidos: los hermanos Dalton, Jesse James… y una mujer, Calamity Jane, un ejemplo de soledad atormentada por el espectro de una maternidad malograda.

La obra de Marécheux cobra a mitad de recorrido un cambio substancial. Del crimen con olor a sangre, pasamos a la aventura sin límites (ni físicos ni morales). Una sección está dedicada a esos occidentales que se enamoraron de Oriente. Que vieron en el desierto, un proceloso mar de supervivencia al que rendirse como canto de sirena proveniente de un sol abrasador. Lawrence de Arabia, Richard Burton e incluso Arthur Rimbaud. ¿Quién no se ha deleitado con el legado escrito de estos hombres? Pero quién se iba a pensar que en el periplo de sus vidas pasarían vicisitudes como violaciones físicas, hambre o incluso adoptarían trabajos como el contrabando de armas. Imaginar que la mano que escribe una grandeza con tinta, lleva detrás el pasaporte de un espía, o la filosofía de ir más allá de la mentalidad europea decimonónica. Desde el mundo árabe hasta las Indias orientales, pasando por África, el vértigo de la vida enajena los latidos de estos aventureros. 

El libro afronta la recta final con dos apartados curiosos. Los que imbuidos en un ideal para la sociedad, luchan contra la desesperación de la pobreza y a favor de la utopía. Y todo lo contrario, los que simplemente quieren hacerse ricos rápidamente. En los primeros encontramos a pensadores como Bakunin o más recientemente Bobby Sands, muerto este último debido a una huelga de hambre. Pero además, Maréchaux incluye en este elenco a Buenaventura Durruti, uno de los nombres más conocidos de la Guerra Civil Española. Icónico líder del bando republicano, caído en las batallas por Madrid. En todos los casos, la muerte da un sentido a la lucha; la idea, sea cual sea, es inmortal. La inmolación puede ser la moneda a pagar. Es una constante del libro, esa llama que surge en muchas personas para enfrentarse al sistema aunque sea de forma expeditiva. El uso de la violencia ha sido en ocasiones motivo de discusión en movimientos colectivos. Muy proclive a ese debate fueron los siglos XIX y XX, en donde muchas revoluciones proletarias tuvieron foros internos contrapuestos en esa forma de hacer la revolución. Incluso con casos que llegaron a la expulsión de ideólogos propios, o simplemente abandonos voluntarios del grupo por no compartir la misma visión dentro de los preceptos. Quizá sea uno de los retos para el Ser Humano, controlar esa violencia destructiva, en la mayoría de las ocasiones alimentada por un deseo de venganza. Ni siquiera una justicia ciega debería permitir el asesinato. Matar es matar se mire como se mira. 

Ese paso, el escalón decisivo, de ser un criminal limpio a llevar muescas en la empuñadura del revólver, supone una diferencia abismal. Quien lleva sangre a sus espaldas es sentenciado como tal por la Justicia y visto por la sociedad, con la intermediación casi inevitable de los medios de comunicación, como un delincuente de lo más maquiavélico y sanguinario. Su imagen pública, fiel a la verdad o distorsionada a más no poder, llenará portadas de publicaciones, copará las televisiones y rebosará las conversaciones de cantina. Unos cuantos casos son los que aparecen en este libro. Y en la recta final de la publicación, destacando una pareja de pistoleros del siglo XX: Bonnie Parker y Clyde Barrow. Tiroteados hasta el hartazgo un 23 de mayo de 1934 en una pequeña carretera de Arcadia (Luisiana). Una de las parejas más populares de la cultura occidental. Y es en las últimas páginas de este libro, donde Maréchaux  nos presenta a los atracadores per se, a los ladrones de guante blanco, robar sin intenciones truculentas. Entre ellos destacan dos golpes que permanecerán en el imaginario occidental. El famoso asalto al tren de  correos entre Glasgow y Londres es recordado todavía como uno de los más impactantes en cuanto a su organización y a la cantidad de libras sustraídas. Lo curioso del caso es que, a la larga, este atraco ha proporcionado a algunos de los miembros de la banda que lo perpetraron, una fama popular que roza el beneplácito fantasioso de un protagonismo tan estelar que es proclive a la redención. La cárcel, no obstante, fue con el tiempo inevitable para muchos de los miembros de la banda. 

Y por supuesto la eterna osada pregunta que a muchos asalta la mente. Atracar un banco. La sangre del sistema capitalista. ¿Justicia hiriente, escarnio a la propiedad privada? La respuesta la encuentran muchos ladrones de todas las épocas. Pero es en el último siglo cuando prolifera la técnica del butrón. La sorpresa cuando entra el encargado del banco a la mañana siguiente del delito, y ve las cajas fuertes desvalijadas, tiene que provocar un rictus facial digno de ser inmortalizado. Hay muchos casos en la Historia y el libro recoge el famoso robo al Banco de Niza un 19 de julio de 1976. 317 cofres de seguridad de la caja fuerte, han sido desvalijados. El método, todo un alarde de esfuerzo: un túnel de ocho metros de largo y ochenta centímetros de ancho que conecta la alcantarilla con el suelo de la sala de caudales del edificio. Digno de quitarse el sombrero, si a ello sumamos que no se derramó ni una gota de sangre. La peripecia se saldó con la detención del alma máter de la banda, Albert Romain Spaggiari. Sin embargo, la vida de este hombre es propia de una novela. De hecho, terminará fugándose de la justicia y huyendo durante años por medio mundo, para acabar ajusticiado en París por un cáncer de pulmón en 1989.

El robo como arte supone una destreza y una inteligencia exquisita. La locura sólo necesita alimento. Sea alcohol en el caso de Pierre Loutrel (alias Pierrot el loco) o pasión por el dinero, como muchos piratas. En medio puede haber matices, el paradigma de Phoolan Devi también se recoge en el libro. Nacida en 1963 en la pobreza más ruin de las castas indias, se convirtió en una forajida hasta que los periplos de la vida la llevaron a ser diputada socialista en su país. Una bala vengativa de un desalmado proveniente de una casta superior, acabó con su vida en 2001. Leí en su momento la autobiografía de esta rebelde con causa cuando aún estaba viva; ahora me encuentro con ella en un martirologio escrito para quizás, ¿llamar a la rebelión?

El autor de este trabajo termina lanzando una elegía por tiempos e idealistas pasados. Cegados por el Vellocino de oro, el lucro, argumenta, es hoy el motor de los forajidos de leyenda. Para honrar causas nobles parece que haya escrito este prontuario de sedición a modo de contrición ajena. La galería de personajes mostrados es variopinta y colorida. El viaje por estas páginas promete ser halagüeño. Sobre todo a nivel visual, pues estamos ante un libro de gran formato muy bien ilustrado. Huelga decir que la editorial Blume es francamente buena en este tipo de publicaciones, que además están a la venta por un precio muy razonable. 

La últimas páginas del libro muestran una imagen que choca con la portada. Nos despedimos en silencio a través de una bella avenida, vacía y acordonada tras un atentado. En el aire respiramos las preguntas que hace un periodista, entre las que aparece la eterna cuestión: ¿por qué? ¿No es posible un mundo mejor? ¿Un mundo en paz? La utopía no tiene un lugar de asentamiento real (de ahí viene la palabra, u y topos, no lugar). Pero cada paso avanzado cuenta, cada peldaño subido nos aleja de un pasado que debería ser peor que el futuro. Esa es la lucha personal y social. Ahora, una vez cerrado el libro, queda esperar si Soudy disparará. A lo mejor no es el momento, o sólo era una pose. No queramos saberlo, o mejor, abramos el libro de nuevo y releamos, puede que nos llevemos sorpresas, dentro y fuera de la ley.







“Fuera de la ley”
Laurent Maréchaux
Editorial BLUME
2009