lunes, 18 de junio de 2012

Del enebro.





Lo confieso, fue amor a primera vista. Entró por mis ojos como un refulgir que te hace caer del caballo y te convierte en otro tipo de jinete. Así me pasó con el libro titulado “Del enebro”. Había oído hablar de él en los medios de comunicación. Un relato proveniente de la célebre recopilación Kinder und Hausmärchen (Cuentos de los niños y del hogar) de los hermanos Grimm, publicada en 1812. Sin embargo, el libro que tenía en mis manos, aquél día de la Feria del Libro de Zaragoza de este año, era especial. Una edición mimada hasta el paroxismo maternal, con un cuidado y una delicadeza, dignas del que sabe que está creando algo único. Un nacer a la vida para enriquecer el mundo y sus habitantes. 

La editorial aragonesa Jekyll & Jill volvió a leer, desde el original alemán, dicho relato y nos lo puso en nuestras manos aderezado con la joyería delicada de la ilustradora Alejandra Acosta. El resultado es sublime. El cuento es brevísimo y narra una especie de venganza justiciera del destino con el desparpajo truculento propio de los hijos del folclore oral europeo. Nada que ver con las versiones edulcoradas de nuestros días. Es un campo fascinante, pero recordemos que los cuentos genuinos, aquellos que recopilaron o inventaron gente como Perrault y posteriormente los románticos decimonónicos, eran tan realistas como la vida misma. A los que hemos “viajado” con el folclore, sea oral o escrito, de Europa, no nos tiembla el pulso al pasar las sanguinolentas páginas de este relato editado en nuestra tierra. 

Los dibujos de Acosta son realmente buenos y ha añadido detalles en la maquetación, que convierten cada ejemplar en una obra de Arte. Imposible, aprovecho la apología sentimental, de ver algo semejante en un archivo electrónico.

El relato va precedido por un prólogo de Francisco Ferrer Lerín (que por estas fechas promociona un libro suyo -Gingival-) el cual nos esboza las raíces de esta historia y del enebro, ese arbusto tan peculiar como carismático en las diferentes culturas. 

El sabor de boca que deja el cierre de este libro es como el aroma del perfume que deja una beldad cuando se cruza en nuestro camino. Incita a no desear olvidar jamás. Por ello, hay que alabar y felicitar a esta editorial. Además de editores, son artesanos. La palabra sigue brillando con su magia. Y sólo hace falta creer en ella para que hoy quizás, un hada se cruce en nuestro camino. La reconoceremos sin duda, para bien o para mal de nuestra existencia, así son los cuentos.




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